— sobre salva

La pintura y yo tenemos muchos años de conocernos.

Retrato de Salva Abad en el taller

La pintura y yo

Nos conocemos desde hace muchos años. La pintura ha acompañado alegrías, dolores y etapas muy distintas de mi vida. Es probablemente mi expresión más genuina de aquello que soy.

Salva Abad pintando un lienzo de gran formato en su taller

El arte es expresión.

Una manera de llevar hacia afuera aquello que muchas veces vive en silencio dentro de nosotros.

Detalle de la textura de una pintura junto a la paleta de colores

Hay un antes y un después.

La pintura siempre ha formado parte de mi historia, pero hace poco volví a encontrarme con ella de una manera especialmente intensa.

Llegó para expresar pensamientos y sentimientos mucho más íntimos. Me aferé nuevamente a ella y hoy disfruto profundamente poder expresarme libremente a través de lo que creo.

— Otro lenguaje

Hay otro lugar donde también aprendí a crear.

Mi otra faceta creativa es la cocina. Es un arte que nunca se fue; forma parte intrínseca de mí.

Desde muy joven cociné junto a dos grandes maestras: mi abuela y mi madre. Con ellas aprendí recetas, intuición y esos secretos familiares que normalmente pasan de una generación a otra.

Salva Abad cocinando en su cocina
El taller con obras colgadas, el caballete y la estantería de pinturas La cocina con la isla central preparada y una olla al fuego

Dos lenguajes que se mezclan a diario.

En ambos casos comienzo con una idea, pero rara vez termino exactamente donde imaginaba. Me gusta probar, cambiar y dejar espacio para lo inesperado.

— Manifiesto

Pinto lo que siento. Cocino lo que quiero compartir.

La pintura nace de mis emociones, experiencias y de mi manera de mirar el mundo.

La cocina nace de mi familia, de los sabores que aprendí desde pequeña y de la alegría de compartirlos.

Dos lenguajes diferentes. Una misma entrega.